Una doctora, amenazada de muerte tras no entregar la historia clínica al marido de su paciente

Las agresiones y amenazas contra los facultativos españoles están aumentando en los últimos años. Cada vez son más los médicos y los enfermeros que denuncian a pacientes y familiares de pacientes por agresiones o por actitudes amenazantes contra ellos. Uno de los principales motivos de estas situaciones se da cuando un tercero pide información de la historia clínica de un familiar sin su consentimiento y el médico, actuando como manda la ley, se niega a dárselo.

Una facultativa, médico de cabecera, estaba trabajando en su centro de salud cuando a las 16:00h de la tarde atendió en la consulta a una paciente que estaba acompañada de su marido. La paciente refería dolor lumbar irradiado al esternón, que se incrementaba con la respiración profunda. Con estos dolores, la paciente aportó unas resonancias magnéticas que le habían realizado anteriormente para conocer su estado de salud y poder diagnosticarle. Con ellas, la doctora en cuestión le diagnosticó dorsolumbalgia con irradiación y, por ello, fue remitida a sesiones con el médico encargado de la rehabilitación.

En definitiva, la consulta se desarrolló con toda la normalidad y sin ningún tipo de incidente. Acabó la cita y ambas personas, la paciente y su marido, salieron de la sala sin ningún tipo de problema aparente.

Sin embargo, a los pocos minutos, el marido de la paciente entró de nuevo a la consulta de la doctora solicitándole una serie de datos clínicos de su esposa, relativos a años anteriores. Ante esta petición, la facultativa respondió que no podía facilitarle ningún dato porque estos eran de carácter personal y correspondían a una tercera persona (su mujer), la cual no había autorizado facilitar esta información. La facultativa no consultó en su base de datos el historial clínico de la paciente, sino que directamente informó que, debido a estas circunstancias, no podía facilitarle esos datos. Tras esta respuesta, el marido se alteró y empezó el problema. Agresivamente, empezó a amenazar e insultar a la doctora con expresiones como “eres una hija de p…” o “cuando salgas te voy a matar”.

Por todo esto, la doctora consideró que había sufrido una situación intolerable e insoportable e interpuso una denuncia ante el juzgado. Alegó, en primer lugar, que actuó correctamente porque no estaba obligada a facilitar los datos clínicos de un paciente a terceras personas si de por medio no existía consentimiento, aunque esta tercera persona fuese un familiar. En segundo lugar, expuso que en ningún caso es justificable la conducta del acompañante del paciente, que insultó y hasta llegó a amenazarle de muerte. De estos insultos y amenazas fueron testigos varios compañeros que pudieron corroborar la versión de la denunciante en el juicio. Por estos hechos, solicitó la correspondiente condena por delito de amenazas. La denunciante confesó que llegó a pasar mucho miedo ante la conducta del acompañante de su paciente.

La defensa del marido de la paciente consideró que, sin embargo, si tenía derecho al acceso de los datos clínicos porque eran los de su esposa y, en todo caso, negó que hubiese propiciado injurias y calumnias a la facultativa. Por el contrario, alegó que fue ella la que le insultó a él, llamándole loco.

El juez, finalmente, dictó sentencia dando por válida la versión de la denunciante. Consideró que se actuó correctamente no facilitando datos de carácter personal a terceras personas, con independencia de que esta tercera persona fuera su marido, ya que el paciente en ningún momento consintió el acceso a esta información. Por otra parte, la sentencia igualmente consideró probados los insultos y amenazas propiciados por parte del marido a la médico, condenándole por un delito de amenazas a una pena de tres meses de multa con una cuota de tres euros diarios.

Con este caso analizado, ¿por qué cada vez hay más agresiones y amenazas en el sector de la sanidad? Se tratan de situaciones en la que tanto médicos como enfermeros se ven envueltos y obligados a denunciar para protegerse y que cada día tienen que soportar a pesar de la protección que tienen por ley.