Altas voluntarias en pacientes muy graves, ¿qué hacer?

En la práctica asistencial diaria se puede dar la posibilidad de que el paciente solicite el alta, por diversos motivos, bien por disconformidad con el tratamiento que se le está suministrando, por motivos religiosos o éticos, por querer someterse a otro tratamiento en otro centro o por cualquier otro motivo. ¿Cómo hemos de actuar ante estas circunstancias? ¿Tenemos alguna obligación con estos pacientes, especialmente los graves?

En el caso en el que el paciente decida no someterse o continuar con un tratamiento apto para su salud en contra del criterio médico surge la duda de si no se debe permitir que el paciente ponga en peligro su propia salud o si se debe permitir aun cuando sabemos el peligro que la falta de seguimiento o de tratamiento médico conlleva. Estas dudas se agudizan en los casos de pacientes muy graves en los que la ausencia de tratamiento puede tener consecuencias irreversibles.

En estos supuestos hay dos derechos fundamentales enfrentados el derecho a la vida e integridad física y el derecho a la libertad y autonomía de la voluntad, ¿a cuál de ellos se debe dar prevalencia? El Código de Deontología Médica establece el respeto al rechazo del paciente a una prueba diagnóstica o a un tratamiento (artículo 12). La Ley reguladora de la autonomía del paciente de 2002 reconoce legalmente al paciente una amplia serie de derechos en los procesos asistenciales entre los que se incluye el derecho a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, entre las opciones clínicas disponibles, el derecho a negarse a recibir un tratamiento, excepto en los casos determinados en la ley (artículo 2), el derecho a no aceptar el tratamiento prescrito y a solicitar el alta voluntaria (artículo 21). Se dispone que si un paciente se niega a recibir un tratamiento y no se pueden ofrecer tratamientos alternativos -aunque sean paliativos- que se puedan administrar en el centro se debe proponer el alta voluntaria si el paciente no la ha pedido, y se le debe conceder aun cuando sea en contra del criterio médico.

En cuestión de altas voluntarias es fundamental la información trasladada al paciente. Ante una situación en la que el paciente está poniendo en peligro su propia vida o agravando su patología es imprescindible que adopte la decisión de forma consciente, lo que debe implicar que el médico informe de forma completamente comprensible y más si cabe de forma más completa sobre el tratamiento y las alternativas terapéuticas, o en su caso sobre la ausencia de estas alternativas, y sobre las consecuencias de no someterse al tratamiento y del alta voluntaria. Esta información trata de dar la máxima perspectiva al paciente sobre el alcance y las consecuencias de la decisión que va a tomar, ya sea para continuar con el tratamiento, no seguirlo o acometer otra alternativa.

Por tanto si el paciente solicita el alta voluntaria el médico ha de dársela aunque esté muy grave, aun en contra de su criterio. El paciente deberá firmar el documento de alta voluntaria que ha de unirse a la historia clínica. Del mismo modo es recomendable que se haga constar en la historia clínica el rechazo del tratamiento, la petición de alta voluntaria y entregarle un informe clínico de alta en el que se especifique -además de los datos del paciente- un resumen de su historial clínico, la actividad asistencial prestada, el diagnóstico y las recomendaciones terapéuticas. De todas formas, como cada caso concreto es un mundo, ante la duda consulte con un profesional del derecho.

Rebeca Serrano
Abogado DS Legal Group

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