Condenado a pagar 45.000 euros por poner una inyección sin mala praxis

En la sentencia de la semana analizamos una condena a un médico general tras la administración de una inyección de Voltarén a un paciente aquejado de fuertes dolores en un hotel.

La parte demandante reclamaba al médico la cantidad de 150.000 euros por los daños presuntamente generados por la mala praxis en la administración de una inyección. El reclamante acusaba al doctor no solamente por haber realizado una manipulación errónea del inyectable, sino de no haber cambiado las agujas, ni haber esterilizado la zona a pinchar.

Los hechos ocurrieron en el mes de julio cuando el actor presentó un fuerte dolor, lo que motivó que el hotel llamara a los servicios médicos de urgencia. Una vez el doctor se entrevistó con el paciente y valorara sus dolores decidió la administración de Voltarén inyectable.

Dos días después el mismo médico fue llamado para valorar al paciente pues según le refirieron presentaba fiebre y dolor de garganta. En ningún momento se habló del dolor lumbar padecido días atrás ni nada anómalo en la zona.

Al quinto día conforme reconoce el demandante en su escrito la zona en la que se le había administrado Voltarén al paciente presentaba enrojecimiento y rubor, sin embargo el paciente no avisa a ningún médico sino que decide volver a Alemania.

Días después el paciente es intervenido en Alemania por infección local. Posteriormente este cuadro empeora convirtiéndose en una fascitis necrotizante que obligó al paciente a ser operado en varias ocasiones.

La sentencia entiende que existió responsabilidad del doctor porque la mujer del paciente había declarado que se realizó la administración del inyectable sin asepsia alguna.

A pesar de que ningún perito determinó que existiera negligencia médica, el juez obvió las pruebas periciales y determinó como prueba plena la declaración de la mujer del paciente. Los médicos especialistas en la materia declararon que los efectos producidos en el paciente no fueron responsabilidad del médico que lo atendió y no se podrían haber previsto.

Cuando el doctor administró la inyección lo hizo conforme al protocolo, el paciente nunca le manifestó signos clínicos que le pudieran hacer sospechar que existía una infección pues nunca lo refirió el paciente. La primera vez que el paciente manifestó algo parecido a una infección es cuando ya se encontraba en Alemania quedando fuera de la esfera de control del médico. El hecho de que días después pudiera infectarse puede deberse a una infección a distancia. Además en la primera intervención en Alemania, que posteriormente se complica, se provocó una ruptura del nexo causal.

El demandante además alegaba una infracción de la lex artis ad hoc por la falta del consentimiento informado en la administración de la inyección. Todos los médicos que declararon, afirmaron que dicha alegación era un absurdo pues no es preceptivo consentimiento informado alguno en esos casos.

A pesar de todos los alegatos en defensa del doctor el juez condenó por una presunta mala praxis –obligando al médico a pagar 45.000 euros de indemnización- al darle mayor credibilidad a la declaración de la mujer del reclamante que al resto de los médicos que declararon en el juicio.

Muchas veces hemos insistido en la necesidad de estar cubierto por un buen seguro de responsabilidad civil profesional, no solo por la solvencia de los abogados que defienden al médico o la experiencia que nos da contar con los mejores peritos, sino también por el capital cubierto, que hace frente a los costes de la defensa y a la indemnización que pudiera determinarse… aunque se sea inocente.

1 Comentarios

  1. A pesar de las recomendaciones de tener un buen seguro de responsabilidad profesional, estamos de nuevo ante otro ataque al “ser del médico”, a la ingratitud y la búsqueda de beneficio económico en la que vivimos. Qué pena me da que convivamos en una sociedad así. Afortnadamente hay pacientes que nos transmiten tanto cariño que intentamos olvidar otros momentos como éste. Espero que el paciente se recuperase, no quiero ni pensar qué pasaría si eso no hubiera ocurrido.

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