¿Debo aguantar una mala relación con un paciente?

Aunque ya hemos abordado este tema en artículos anteriores, creemos que es interesante, ahora que comienza un año que será difícil para todos los profesionales sanitarios, volver a reincidir sobre este hecho y los derechos que tiene el médico y el odontólogo con sus pacientes.

Es indudable que la relación médico-paciente, que tradicionalmente estaba fundada en una confianza mutua, ha ido derivando en nuestra sociedad a una conciencia o relación del cliente (antes paciente) con un proveedor (médico).

El paciente no solo es más consciente de sus derechos sino que además ahora demanda y exige unos resultados por parte del médico. En muchas de las ocasiones el paciente se olvida de la realidad, y es que cuando acuden al médico se debe a que tienen una enfermedad o sufren una patología. En estos días si finalmente no se obtiene el resultado por parte de los médicos, a los pacientes les invade no solo una insatisfacción, sino que en muchas ocasiones les llevan a un proceso de tensión que puede derivar en una focalización de la responsabilidad en el profesional sanitario y a partir de ahí en chantaje, reclamaciones…

Este cambio de actitud tiene su respuesta en los valores y cambio de la realidad social en el que la medicina ha pasado de ser un derecho a un negocio.

Las instituciones estatales y privadas organizan los sistemas de salud según sus propios intereses y prioridades, sin que muchas veces se dé voz al máximo protagonista de esta relación que es el médico y sin que se regule concretamente los derechos de los médicos debiendo de acudir los mismos a las normas reguladas en los códigos deontológicos.

La relación médico-paciente de facto se consolida en un contrato tácito en que el médico adquiere el deber de cuidado y el paciente adquiere derechos. Los deberes del paciente y los derechos del médico casi nunca se mencionan lo cual crea una asimetría en la que el médico carga, según esta concepción, con toda la reponsabilidad.

Acudiendo al Código Internacional de Ética Médica podemos encontrar el siguiente texto:

“El médico debe, en todos los tipos de práctica médica, dedicarse a proporcionar su servicio médico competente, con plena independencia técnica y moral, con respeto y compasión por la dignidad humana”.

El Código Deontológico de la Organización Médica Colegial en España, nos dice:

“La eficacia de la asistencia médica exige una plena relación de confianza entre médico y paciente. Ello presupone el respeto del derecho de éste a elegir o cambiar de médico o de centro sanitario. Individualmente los médicos han de facilitar el ejercicio de este derecho e institucionalmente procurarán armonizarlo con las previsiones y necesidades derivadas de la ordenación sanitaria”.

“En el ejercicio de su profesión el médico respetará las convicciones de sus pacientes y se abstendrá de imponerles las propias”.

“El médico actuará siempre con corrección y respetará con delicadeza la intimidad de su paciente”.

“Cuando el médico acepta atender a un paciente se compromete a asegurarle la continuidad de sus servicios, que podrá suspender si llegara al convencimiento de no existir hacia él la necesaria confianza. Advertirá entonces de ello con la debida antelación al paciente o a sus familiares y facilitará que otro médico, al cual transmitirá toda la información necesaria, se haga cargo del paciente”.

“El médico ha de respetar el derecho del paciente a rechazar total o parcialmente una prueba diagnóstica o el tratamiento. Deberá informarle de manera comprensible de las consecuencias que puedan derivarse de su negativa”.

“El médico en ningún caso abandonará al paciente que necesitara su atención por intento de suicidio, huelga de hambre o rechazo de algún tratamiento. Respetará la libertad de los pacientes competentes. Tratará y protegerá la vida de todos aquellos que sean incapaces, pudiendo solicitar la intervención judicial, cuando se necesario”.

Lo anterior viene a traducirse en que el médico tiene el derecho y posibilidad de romper el contrato tácito con el paciente siempre que entienda que la relación médico-paciente haya terminado.

Solo en caso de urgencia o emergencia existirá obligación de tratar al paciente.

Para el caso de ruptura de la relación, deberá de procurarse que ésta sea lo menos traumática posible. Esto significa que se deberá de facilitar al paciente no solo la información del tratamiento que recibe y ha recibido, así como la información sobre las necesidades de continuación del tratamiento, sino colaborar con el nuevo profesional al que el paciente acuda.

Cuando una relación médico-paciente termina viciada por las circunstancias que sean, en la que el paciente exige unas condiciones que no se pueden cumplir, obligaciones que no estaban pactadas, o expectativas demasiado altas, lo mejor será explicar al paciente la imposibilidad de continuar con la relación y derivarle a otro profesional.

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