Demanda a su oftalmólogo tras perder el globo ocular por una infección

Un paciente demandó a su cirujano oftalmólogo y a la clínica en la cual se le realizó una queratoplastia en un ojo, por la suma de 92.967,32 euros. El paciente interpuso la instancia tras la intervención y la posterior infección por, según él, no procurar la debida asepsia y no cumplir con los protocolos existentes, lo cual, alega el paciente, afectó a todas las facetas de su vida.

El demandante acudió al centro hospitalario de emergencia tras la operación, al presentar un cuadro infeccioso con pérdida de visión y lagrimeo. Le prescribieron antibióticos, avisándole de que si no presentaba mejoría sería necesario su ingreso en un hospital. Al continuar con los síntomas, el paciente acudió al centro hospitalario, donde le diagnosticaron un hongo filamentoso.

Se trató al paciente con antifúngicos, aunque finalmente fue necesario realizarle una vitrectomía. En mitad de la operación tuvo que efectuarse una evisceración para frenar la infección y evitar la expansión al otro ojo. El denunciante añadió que, pese a firmar dos modelos de consentimiento informado, la información fue insuficiente, ya que no constaba que le fueran notificados los riesgos que finalmente se produjeron.

El oftalmólogo se opuso a la demanda alegando que cuando el paciente llegó a su consulta presentaba una cirugía anterior de sustitución de cristalino transparente. El demandando afirma que actuó de forma correcta, sin que pudiera existir nexo causal entre la infección y la intervención quirúrgica. Además manifestó que el paciente fue informado correctamente. La clínica demandada suscribió lo que expuso el oftalmólogo y alegó la imposibilidad de que la infección se produjera en el centro, ya que se realizaron los controles pertinentes, así como otras siete intervenciones ese mismo día, sin síntomas de infección.

Tras los informes periciales y las pruebas practicadas se determinó que el demandante había sido intervenido en otra clínica con anterioridad, además de acudir al médico demandado para tratar de solventar el problema derivado de la cirugía previa. Se comprobó también que la cirugía se realizó de forma correcta, así como que el centro cumplía con la normativa ISO, sin detectarse hongos patógenos. Por último, se evidenció que el paciente firmó el consentimiento informado donde aparecían los riesgos de infección y pérdida del globo ocular.

Pese a ello, no logró demostrarse si la infección de tipo fusarium fue de origen hospitalario, por lo que se planteó la cuestión de si el médico debió hacer un cultivo previo a la prescripción del tratamiento con antibióticos tópicos.

Finalmente, teniendo en cuenta los antecedentes del paciente, se entendió como necesaria la realización de un cultivo y, ante la ausencia de este, se apreció mala praxis, por la falta de medios proporcionados para combatir la infección.

El juez realizó un ajuste en la cuantía indemnizatoria por las lesiones y secuelas, teniendo en cuenta todo lo probado y acreditado en el juicio, condenando a los demandados con carácter solidario a abonar 21.000 euros al paciente damnificado.