El copago sanitario y la universalidad del sistema

El copago es una materia que no ha dejado de estar de plena actualidad desde que se decidió implantar por algunas comunidades de nuestro país. El concepto que podemos dar es el de una financiación privada de una parte del sistema sanitario público. Como cualquier decisión política tiene pros y contras para todos.

Generalmente, la práctica del copago se justifica por el presunto saneamiento que conlleva para las arcas públicas. Es lo que conocemos como el objetivo económico-financiero. Se incrementan los ingresos, por esa parte de financiación privada de la sanidad pública, y el ahorro, por la disuasión al ciudadano para realizar el gasto. En este caso, hay que comparar el coste de oportunidad soportado por los ciudadanos, con el ingreso/ahorro para la Administración que supone el copago.

Asimismo, otro de los objetivos primordiales del copago es el modulador, que trata de emplear los recursos únicamente para el uso y no para el abuso, lo que se conoce como un empleo quirúrgico de los medios que forman parte del sistema. Aunque es obvio que la idea es objetivamente útil para el conjunto de la población, no es fácil hacer una discriminación entre qué se entiende por uso y qué por abuso.

Ese obstáculo que significa la comparación entre uso y abuso, debe asociarse a la dificultad que comporta la decisión de llevar a cabo exenciones para “modular” el copago según edad, patologías, grupos o condición socioeconómica de los pacientes. Una y otra política comportan cuantiosos recursos, por lo que de nuevo habría que realizar una comparación como la realizada anteriormente, pero en este caso entre los bienes que se han de consumir del sistema y el ingreso/ahorro para la Administración.

Además de los dos anteriores, que son por antonomasia los propósitos del copago, basados en la economía y los recursos públicos, también nos encontramos con el psicosociológico, que tiene semejante importancia dentro del concepto y pretende inducir a una conciencia de costes, en la que se debe valorar el nivel de necesidad y perjuicio para el ciudadano, estableciendo, dentro de este último, cuatro niveles según si se refiere a la vida en sí del paciente, a un daño, a un malestar o a una simple contrariedad.

Esta conciencia de costes, pretende reconciliar al paciente con el sistema, a pesar de que también consigue lo contrario, pudiendo hablar del “copago de castigo”. Así, podemos citar el principalismo y el consecuencialismo. Según el hecho analizado emanado del copago, prevalece uno u otro, dado que, a modo de ejemplo, un copago en urgencias beneficia a que asistan los que verdaderamente necesitan el servicio, anteponiendo el consecuencialismo, pero la disminución de la universalidad, que acarrea, entre otras, la obligación de los facultativos de solicitar los papeles a inmigrantes, ocasiona que los ilegales no acudan, dominando en este caso el principalismo, lo cual, sea dicho de paso, puede acarrear consecuencias más complejas a largo plazo.

Con todo, una vez que se conoce el concepto del copago, así los objetivos que pretenden justificar su implantación en el ámbito de la salud y del sistema sanitario, podemos confirmar cómo, además de ser un tema de difícil análisis, es en definitiva, un tema fundamental para la población de un Estado.

Los poderes públicos, entre sus actuaciones, deben fomentar la igualdad de los que de ellos dependen, y más en el asunto al que nos estamos refiriendo, en el cual han de tener como premisas principales el estímulo de la salud y la proporción de un sistema que la posibilite igualitariamente.

No obstante, no se trata de que el régimen sanitario deba basarse en un sistema paternalista, en el que todo se logre por el mero hecho de formar parte de él sin ningún tipo de contraprestación, más si cabe cuando la situación actual sigue siendo harto complicada, pero tampoco, que la única forma de recompensar la distribución de ese servicio sea disminuyendo las posibilidades de acceso al sistema fomentando la desigualdad.
Cómo no, y tal como nos hemos ido encontrando a lo largo del artículo, aparece de nuevo la comparación entre lo que deja de ganar el ciudadano por la aplicación del copago y lo que obtiene del sistema por esos ingresos y ahorros que se obtienen enunciados al principio.
En base a todo lo anterior, y al ser la asistencia sanitaria un derecho de carácter universal, se debe analizar el efecto que este tipo de políticas tienen en el conjunto de los ciudadanos y el comportamiento de los mismos ante ellas.

Álvaro Gutiérrez Cuadrado
DS Legal Group

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