La evolución desfavorable tras una intervención es ajena a la praxis médica

Un paciente acudió por primera vez al hospital por una serie de dolores en la espalda que no le permitían andar con comodidad. Cuando le atendieron, comentó no haber sufrido ningún accidente ni haber realizado actos bruscos que le hubieran causado estos dolores, sino que le habían ido apareciendo poco a poco, de menos a más. Decidió ir a la primera consulta en el hospital, porque los dolores estaban siendo muy intensos e insoportables.

Desde el hospital le realizaron las pruebas diagnósticas que resultaron oportunas para este tipo de casos, en particular una exploración física de la columna y una resonancia magnética de la misma zona. Del resultado de estas pruebas se puso de manifiesto que el paciente sufría una degeneración moderada de los discos intervertebrales cervicales, que es la causa de los dolores en la espalda y los problemas de deambulación.

Para solucionar estos problemas se le propuso realizar una cirugía para la colocación de una prótesis discal lumbar, objetivamente idónea para solucionar los problemas en las vértebras y los problemas de deambulación. El paciente aceptó y se le realizó. La intervención fue un éxito y el paciente mejoraba adecuadamente.

Sin embargo, una vez transcurrieron tres meses en los que el paciente realizó una vida prácticamente normal, se produjo una descolocación de la prótesis, que en último lugar conllevó a que el paciente sufriera de nuevo los dolores y problemas al andar mencionados. Por ello, se realizó una nueva intervención de recolocación de prótesis, la cual fue un éxito. La prótesis volvió a su posición inicial y el paciente mejoró definitivamente, desapareciendo los dolores y problemas de deambulación.

Pero, tras todo lo sucedido, el paciente decidió interponer una demanda por mala praxis contra el médico que le atendió. Sus abogados alegaron que la prótesis no se había descolocado, sino que se encontraba mal insertada desde el principio y por ello había sido necesario realizar una segunda intervención para recolocarla en el lugar correcto. Consideraban que se trataba de un error humano que no era justificable bajo los criterios de una buena praxis médica y la lex artis ad hoc. Para demostrarlo aportaron una radiografía de la prótesis, donde efectivamente se observaba que estaba descolocada. Sin embargo, la radiografía no aparecía fechada.

La defensa del médico alegó que la prótesis se colocó en el lugar correcto. Tal es así que durante tres meses el paciente no refirió ningún tipo de dolor ni problemas de deambulación, sino que llevó una vida prácticamente normal. Igualmente, las pruebas realizadas al paciente inmediatamente después de la intervención mostraron que la prótesis se colocó correctamente. Por último, en relación con la radiografía aportada por el paciente donde se observaba la descolocación de la prótesis, los abogados del médico también la aportaron, pero en este caso fechada, observándose que se realizó tres meses después de la intervención, un tiempo considerable dado el uso diario de la prótesis.

Comentaron que, en realidad, lo que había sucedido es que, efectivamente, se había dado un desplazamiento de la misma, pero que fue ocurriendo con el paso de tiempo. Es un riesgo que podía haber ocurrido por diversos factores, todos ellos ajenos a la buena praxis empleada en la operación. Quedó demostrado que no se debía a una descompresión radicular inadecuada, tampoco a una herniación recurrente, hernia a otro nivel, fibrosis, infección, o cualquier otro motivo imputable al médico.

El juez, una vez analizó el caso, dictó sentencia y concluyó que del análisis de la historia clínica del paciente se apreció que la colocación de la prótesis se hizo de forma correcta, motivo por el cual durante un tiempo de tres meses el paciente tuvo una evolución favorable. Finalmente, y con el paso del tiempo, es cierto que se produjo un desplazamiento de la prótesis, que se podía deber a multitud de factores, todos ellos ajenos a la buena praxis empleada.

Por todo ello, el juez desestimó la demanda del doctor y absolvió al médico de cualquier responsabilidad en el procedimiento.