La toma de una decisión

En estos días, se acercan las ocho de la tarde y mi mujer y mis hijos mellizos de 5 años me avisan de que tenemos que ir a aplaudir a nuestros héroes que están luchando en esta batalla: sanitarios, bomberos, policías, cajeros, limpiadores, camioneros… Mis hijos entienden que es un premio para todos ellos y, sobre todo, para los sanitarios, por ser los más expuestos y valientes, los que ponen en riesgo su vida y están dejando de convivir con sus familiares para no ponerlos en peligro. Así venimos haciéndolo desde el inicio, nosotros y nuestros vecinos, cada tarde.

Ayer algo cambió pues, mientras aplaudía, giré la mirada hacia mis vecinos de balcón y no les vi salir, por lo que les llamé. Me dijeron que el padre, de 78 años, quien llevaba ingresado en un hospital desde hacía varias semanas con motivo de un cáncer, había sido trasladado, por recomendación de su médico, a un centro privado para no resultar contagiado por el COVID-19. Durante este traslado, la mala suerte había acudido a su encuentro. Tras unos días en el nuevo centro, le hicieron el test y había resultado contagiado. Mi vecino me contó esto convencido de que el facultativo que había propuesto el traslado había cometido una negligencia y, por lo tanto, iba a emprender acciones legales contra él. Por este motivo no iba a salir más a aplaudir.

Esto me ha hecho reflexionar toda la noche. El médico que hizo la recomendación del traslado tuvo que tomar una importante decisión por el bien de su paciente, una decisión como tantas debe tomar cada día el personal sanitario, una decisión como tantas debemos tomar todos en nuestro trabajo. A veces nos la jugamos, sobre todo ante situaciones de presión, pero no todos nos enfrentamos a una posible demanda millonaria cuando lo único que se pretendía era salvar una vida.

Siguen pasando las horas y no me lo quito de la cabeza. ¿Cómo alguien que se encuentra haciendo su trabajo con riesgo para sí mismo en circunstancias anómalas, caóticas, desbordantes, puede decidir algo tan importante sin asumir riesgos? Y, algo peor, ¿cómo puede ser tan instantánea la conversión de héroe a villano en un escenario tan acuciante e imprevisible?