Una simple segunda opinión puede acabar con un colega en el banquillo

Cuando nos llegan casos derivados o en los que el paciente busca una segunda opinión, un mero comentario puede acabar con uno de nuestros colegas de profesión ante un juez. Un mero “¡Qué barbaridad!” puede tener consecuencias impredecibles en manos de un paciente.

Entre los dentistas, en los casos de tratamientos con prótesis o implantes, estos casos se dan, incluso, más frecuentemente.

En DS Legal es muy habitual ver que el objeto de las reclamaciones de los pacientes tenga su causa original en la crítica realizada por una segunda opinión de otro médico sobre la actuación realizada por otro colega.

Ante este situación sucede lo inevitable: la desconfianza del paciente respecto del médico que le atendió y un deseo de resarcimiento a cualquier precio, mediante la presentación demandas y querellas contra todo el que haya podido participar en aquella actuación.

Antes de emitir cualquier informe deberíamos realizar un verdadero examen del caso poniéndonos en la posición del profesional que valoró al paciente por primera vez y analizar si lo que ha hecho que haya fracasado el procedimiento es por la anatomía del paciente, por una impericia médica, por un error de diagnóstico, por una falta de medios o cualquier otro motivo que sea por el que no se obtuvieron los beneficios perseguidos, y una vez analizado emitir el informe de segunda opinión intentando no adjetivar la actuación del compañero en la medida de lo posible.

Esta situación de valoración ex post tiene una segunda variante más peligrosa en el juzgado: cuando los peritos enjuician la situación conociendo el resultado y por tanto se vicia el análisis del informe. El error está en que no se estudia en las mismas condiciones en las que el médico enjuiciado se encontró el caso, sino que del resultado se va yendo hacia atrás para ver qué fue lo que se podría haber hecho para evitar un resultado o minimizarlo.

Los peritos parecen olvidarse muchas veces que todo médico se encuentra, sobre todo en la urgencia, ante la acumulación de pacientes, ante situaciones clínicas impredecibles o inevitables y que, por desgracia, el profesional no sabe necesariamente de antemano qué es lo mejor para cada uno de los pacientes en el momento en el que acuden a consulta o visitan las Urgencias.

Lo cierto es que, y parece que lo olvidamos, la medicina no es una ciencia exacta y cada persona es un mundo y responde biológicamente de diferentes maneras a los mismos tratamientos.

Por eso, y ahora es más necesaria que nunca, no está de más ejercer la prudencia ante una posible reacción desmesurada de un paciente que podría encontrar la “excusa perfecta” para ir contra otro de nuestros colegas.

1 Comentarios

  1. Sres.: A veces no resulta fácil NO emitir un juicio “adjetivando” la actuación de un colega que anteriormente trató u operó a un enfermo que te pregunta. Puede ser que se te “escape” el adjetivo, o bien que tu lenguaje corporal lo delate.
    Pero alguna vez, tienes que emitir un juicio serio sobre un acto que, en toda la verdad, y según la “Lex artis”, ha sido una barbaridad, o una mentira al paciente. ¿Qué hacer entonces? ¿Callar? ¿Encubrir al colega con otra mentira o verdad a medias? Naturalmente, puedes verte “pillado” por la misma causa. Yo he tenido casos ya de éste tipo de segunda opinión, y creo haber salido airoso, explicando, sin mentir, las cosas con otro enfoque.
    Pero me asalta la duda de si ética y legalmente estoy haciendo lo correcto. Sobre todo, si el colega de turno es reincidente en tales acciones, y entonces ¿Debo prevenir al paciente? ¿Debo exponerlo a la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos? ¿Qué hacer?. Es un dilema importante. Gracias.

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