Protegiendo a quienes nos protegen

Cuando hace tan solo unas semanas empezamos a oír hablar de un virus, denominado comúnmente coronavirus, nos parecía algo lejano, propio de un país que, por sus características de alimentación, sobrepoblación y nivel de desarrollo social, estaba a años luz del Viejo Continente, del denominado primer mundo.

Como decía, unas semanas atrás ese huésped no deseado llegó para cambiar nuestro mundo, nuestras relaciones, para hacer patentes nuestros miedos y sacar a relucir nuestras debilidades y nuestras fortalezas, a todos los niveles; tanto personal como profesionalmente.

Aun cuando asistimos a su propagación en un país cercano y culturalmente muy similar al nuestro seguimos, por un tiempo, pensando que eso no nos podía pasar a nosotros, que aquí no llegaría.

Nos equivocábamos.

Estamos todos, ciudadanos, trabajadores y empresarios, tomando medidas preventivas, personales y laborales, en función de nuestras necesidades y sobre todo de nuestras posibilidades.

Centrándome en el ámbito profesional, tengo la suerte de trabajar en un sector en el que el trabajo telemático no solo es posible, sino que se está realizando desde antes de declararse el estado de alarma, por lo que la transición a la obligación de hacerlo se ha producido de una manera muy natural.

A pesar de la práctica total paralización económica y empresarial del país, exceptuando los servicios básicos, todo lo relativo al sector seguros sigue a pleno rendimiento. Esto es así ya que, los seguros, tal y como se recoge en el artículo 7, apartado f, del Real Decreto del estado de alarma recientemente publicado, se permite expresamente el “desplazamiento a entidades financieras y de seguros”.

La alusión al sector seguros tiene toda su lógica, pues en estos momentos los ciudadanos seguimos necesitando, por desgracia, de protección ante cualquier circunstancia que pudiera producirse.

Es fácilmente entendible que un arañazo en un coche puede esperar, y no solo puede sino tiene que hacerlo, pues los talleres han cerrado. Lo mismo ocurre con un desperfecto en el hogar, salvando, lógicamente, una avería seria que pueda imposibilitar el desarrollo habitual de nuestra vida cotidiana, máxime en esta situación de aislamiento domiciliario.

No obstante, justo en este momento es cuando cobra mayor protagonismo un seguro muy importante, el de Responsabilidad Civil Profesional sanitario, pues es este colectivo el más expuesto a esta situación. Por ello, por la gran labor solidaria, sanitaria y humanitaria que están desarrollando, es por lo que, por nuestra parte, debemos brindarles también un servicio que les aporte tranquilidad, para que sepan que, en caso de que tengan un problema, vamos a estar ahí, a cualquier hora y para cualquier circunstancia.

Esto es posible porque, desde hace más de 50 años, llevamos ofreciendo la cobertura más importante para un profesional sanitario, la que protege su profesión, su fuente de ingresos, el sustento de su familia.

Desde el Departamento de Responsabilidad Civil velamos por que estos profesionales tengan en todo momento las mejores coberturas al mejor precio posible, tratando de identificar sus necesidades actuales y de anticiparnos a las futuras que, por el desarrollo de la sociedad, de la tecnología y de la salud (como en la situación actual), vamos incluyendo de manera novedosa y que termina siendo el camino por el que el sector va avanzando.

La concienciación y el compromiso profesional que mis compañeros están demostrando en este contexto extraordinario nos está llevando a trabajar, no ocho horas, sino las que sean necesarias para colaborar con el personal sanitario que está cuidando de nosotros. Asimismo, nosotros, desde nuestra posición, tratamos de que ellos puedan desarrollar su labor de sanarnos, con toda la seguridad que necesitan. Es nuestra manera, es lo que sabemos hacer.

David de la Torre, director de Responsabilidad Civil de Uniteco