Una simple segunda opinión puede acabar con un colega en el banquillo

Cuando nos llegan casos derivados o en los que el paciente busca una segunda opinión, un mero comentario puede acabar con uno de nuestros colegas de profesión ante un juez. Un mero “¡Qué barbaridad!” puede tener consecuencias impredecibles en manos de un paciente.

Entre los dentistas, en los casos de tratamientos con prótesis o implantes, estos casos se dan, incluso, más frecuentemente.

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