Tendencias en las reclamaciones a médicos y dentistas

Después del parón de estas semanas retomamos la senda de las reclamaciones a los profesionales sanitarios y hacemos un recopilatorio del tipo de reclamaciones que se pueden recibir como consecuencia del ejercicio de la medicina.

Si en el pasado las reclamaciones de los pacientes llegaban por un grave resultado tras un acto médico, imposible de explicar incluso para los propios profesionales, hoy asistimos a una serie mucho más amplia de circunstancias y motivos de reclamación, debido por un lado a la consolidación ‘social’ de la idea de la medicina como ciencia exacta, que debe dar el resultado que el paciente espera, y por otro al auge y conocimiento de instrumentos para reclamar, con el fin de recaudar una indemnización suculenta, tras verificarse cualquiera complicación del tratamiento o acto médico, siendo el coste-beneficio muy alto para el lado del paciente.

Como hemos reiterado en anteriores artículos, si miramos la serie histórica las reclamaciones se habían duplicado en tres años, acelerándose la tendencia hasta llegar a duplicarse nuevamente en un solo año.

Llegando al núcleo de este artículo, vamos a esbozar los casos más frecuentes de reclamaciones, ya que son estos los que más a menudo obligan a médicos, dentistas y otros profesionales sanitarios a dedicar mucho de su tiempo a su propia defensa.

Errores diagnósticos
Atrae la atención que muchas de estas reclamaciones son por actuaciones de urgencias. Recordamos el caso de una paciente que fue diagnosticada de hepatopatía crónica enólica, sin embargo falleció por una infección bacteriana (colangitis). En este caso, archivado, la acusación pedía 300.000 € de indemnización.

Otro caso es el de una joven que acudió a urgencias siendo diagnosticada de otitis. Días más tarde, acude con disminución del nivel de conciencia, siendo ingresada en UCI por meningitis donde falleció posteriormente.

Denuncia por asistencia prestada a una niña en un centro de salud. La niña entró con asma bronquial. Su estado empeoró hasta sufrir una parada cardiaca de 30 minutos. Se archivó en vía penal pero sigue abierto el procedimiento administrativo.

Otro caso de error de diagnóstico es el de un niño que falleció por causa aun hoy desconocida, que al no haberse realizado autopsia impide conocer la causa real de la muerte. Se encuentra cerrado tras obtener una sentencia favorable en penal.

Diagnósticos tardíos
En estos casos se suele tratar de fracturas, cambiadas por contusiones, o de diagnóstico de gastroenteritis, cuando luego, se descubrió tratarse de absceso pélvico, quedando, a veces, a los pacientes, secuelas muy importantes.

En un siniestro abierto en 2006 y terminado en 2012, con sentencia de casación absolutoria, la paciente consulta por una clínica compatible con una infección del tracto urinario y tras valoración en urgencias se le diagnostica del mismo y se le pone tratamiento. Se le opera más tarde y se objetiva que padecía una peritonitis fecaloidea secundaria a una perforación de una apendicitis aguda. La situación de la paciente era crítica, por lo que pasó a la UCI. La paciente presentaba un estado de gravedad máximo. Se le realizó una traqueotomía para asegurar la vía respiratoria. Al despertar de esta intervención se objetiva una clínica compatible con una hemiparesia derecha. Se le realiza por fin el TAC donde se pone de manifiesto la presencia de dos infartos cerebrales, uno en área occipital y otro en área parietal, en el lado derecho.

Errores en tratamientos o complicaciones tras actos médicos
Con la utilización siempre más frecuente de técnicas de medicina estética, han aumentado también las reclamaciones relacionadas con esta especialidad. Frecuentes son los casos de quemaduras tras tratamiento de foto depilación, o tratamientos con láser.

Por ejemplo, en un caso, la paciente acudió al centro de estética para un tratamiento de restauración cutánea facial mediante láser. Hoy presenta importantes lesiones en la cara. La reclamante presentó denuncia.

En otro caso, donde la reclamación se inicia también por medio de denuncia, nos encontramos con quemaduras en las piernas. Quien aplicó el láser fue una enfermera o técnico de la clínica. El médico se limitó a valorar una vez producida la quemadura y ponerle tratamiento. Este caso se archivó frente a nuestra asegurada, pero tuvo que verse implicada en el procedimiento por ser la dueña de la clínica.

Otros supuestos de reclamación son los derivados de operaciones de cataratas, como un paciente que fue intervenido de un problema refractivo mediante láser. Al salir de la intervención la asegurada le dijo que no había salido bien y que habría que reintervenirlo. Se produjo un corte fino e irregular y un leucoma que necesitó tratamiento clínico estrecho. La asegurada argumentó que todas las complicaciones ocurridas en el caso no implican mala praxis y están descritas en la literatura. En este caso se presentó demanda y denuncia a la vez, la vía penal se archivó.

Muchos son los casos de fracasos de endodoncias, donde la práctica demuestra la casi totalidad falta de uso del consentimiento informado, lo cual causa a los médicos más dinero y esfuerzo que la propia reclamación. Un consentimiento escrito y bien realizado nos elimina al menos de más del 70% de las reclamaciones.

En un caso, durante un tratamiento de ortodoncia, se fracturó una lima, quedándose un fragmento en la pieza dental. El paciente acudió después a otra clínica, donde le aconsejaron la extracción de la pieza, al considerar que cualquier tratamiento tendría poco éxito por el deterioro coronal.

Por todo esto, nuestro consejo es que cuando se intuya una disensión con el paciente es prioritario buscar un asesoramiento personalizado y profesionalizado con el fin de poder poner las bases profilácticas ante una futura reclamación.

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