Ausencias por enfermedad, vacaciones, etc.: ¿qué hago con mis pacientes?

Para quien lleve años en la profesión la atención de los pacientes durante una baja laboral, las vacaciones o cualquier hecho que suponga ausentarse durante un periodo de tiempo es una cuestión muy habitual y que se repite cíclicamente. ¿Qué debemos hacer con nuestros pacientes cuando decidimos cogernos unos días de merecido descanso y evitar recibir una reclamación? Como para algunos pacientes nuestras vacaciones o una enfermedad que nos obliga a quedarnos en casa pueden ser tomadas como una falta de atención en caso de ocurrir cualquier incidencia, aquí desglosamos varias recomendaciones para que pueda ausentarse con la mayor tranquilidad posible.

Esta cuestión, aunque parece de pura lógica, no deja de tener sus incidencias y suele ser objeto de estudio o debate en muchas de las reclamaciones. Esta cuestión es si como profesionales sanitarios tenemos derecho a ponernos enfermos o incluso el derecho a unas merecidas vacaciones. Como todos estarán intuyendo la respuesta sería que sí, pero con reservas. ¿Por qué con reservas?, pues porque lo que está en juego con nuestros pacientes es la salud, siendo este un derecho reconocido constitucionalmente que prima sobre el resto de derechos y que nos obliga a poner un plus de protección cuando sobre este derecho estemos actuando.

Nuestras recomendaciones
En vista de lo anterior, con el fin de reducir o aminorar los riesgos y así disfrutar de unos días de descanso o ausentarnos por una baja, ofrecemos las siguientes recomendaciones a nuestros lectores:

1) Planificar con antelación las vacaciones con el fin de que podamos ir liberando la agenda con nuestros pacientes.

2) Antes de las vacaciones dejar al menos 1 ó 2 semanas, con carácter general, sin realizar intervenciones quirúrgicas utilizando las mismas solamente para los controles postoperatorios.

3) Informar a nuestros compañeros de los casos que puedan tener algún tipo de incidencia o complicación, para que pueda ser más fácil el control del mismo en el caso de tener que ser visto el paciente.

4) En caso de enfermedad o por una ausencia forzosa e imprevista, recomendamos informar a compañeros y superiores sobre nuestros casos abiertos para que puedan ser atendidos correctamente.

5) Tener un protocolo de funcionamiento de urgencias, es decir, facilitar a los pacientes una hoja de recomendaciones para garantizar que ante cualquier urgencia el paciente no pueda decir que no sabía qué debía hacer.

Estas recomendaciones deberían de indicarse en la historia clínica que se le hace entrega al paciente. En ella, debería de constar, como mínimo:

– Un teléfono de urgencias.

– Si existe la posibilidad de colaboración con otros centros, sus datos y las indicaciones que debe realizar el paciente;

– En caso de molestias, dolores o cualquier otra manifestación recomendación de acudir a urgencias, no manipular los tratamientos el propio paciente o no automedicarse.

Dirección de mail de información para que el paciente o sus familiares puedan actualizar cualquier cuestión nueva que pudiera haberse producido en el paciente.

A pesar del cumplimiento de estas recomendaciones genéricas, puede que podamos tener alguna reclamación de nuestros pacientes. Sin embargo, tendremos elementos de defensa respecto a las reclamaciones de los pacientes y sus abogados, pues podremos demostrar que el paciente estaba plenamente informado y que se le habían indicado recomendaciones respecto de su tratamiento.

Ejemplo de reclamación ocasionada en vacaciones
Con ocasión de un tratamiento odontológico con implantes, a un paciente le fue realizada  una intervención quirúrgica de implantes 20 días antes de las vacaciones de Navidad.

La intervención se desarrolló sin incidencias, así como el postoperatorio inmediato.

Durante el periodo vacacional el paciente sufrió molestias en uno de los implantes colocados y a pesar de las molestias que iba teniendo decidió esperar a que su médico volviera de las vacaciones. 10 días después el paciente acudió a la clínica con una infección importante y con uno de los implantes en la mano.

El paciente reclamó al médico por el periodo en el que duró la infección, la pérdida de alguno de los implantes y el supuesto daño moral producido.

Finalmente, el asegurado salió indemne de la reclamación, no solo porque contaba con un consentimiento informado que indicaba los riesgos de la intervención sino porque además el paciente tenía una hoja de recomendaciones en el cual se le informaba de los pasos que debería de seguir en el caso de que apareciese cualquier incidencia en el paciente. El juez entendió que el profesional puso todos los medios para garantizar un seguimiento adecuado conforme a las características del caso y que el paciente conocía qué pasos debería de seguir si se diera cualquier complicación.

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