Realidades, retos y prevenciones legales de la profesión médica en 2021

Fue al principio de esta crisis cuando a algunos médicos y enfermeros de nuestros hospitales se les llamó la atención por llevar la mascarilla mientras atendían a sus pacientes. Esos sanitarios, que se tuvieron que quitar las mascarillas para no alarmar a los pacientes, no tardaron en verse protegiéndose del contagio con bolsas de basura.

Ramiro Urioste (DS Legal): «La pandemia nos sobrepasó a todos. Nos tuvimos que enfrentar a unos conceptos que desconocíamos totalmente»

 Llegaban enfermos, faltaban equipos y recursos, información y directrices. Comenzaba entonces la llamada primera ola, “un combate largo y en desigualdad”, en palabras de Ramiro Urioste, abogado de DS Legal, la firma española de referencia en derecho sanitario. El despacho comenzó entonces a recibir un aluvión de preguntas de los más de 30.000 médicos a los que asesora legalmente. La primera, relacionada con el vértigo ante lo desconocido y, el temor al contagio impulsó numerosas consultas sobre cuál era la mejor manera de protegerse física y legalmente ante la Covid-19.

Este primer punto derivó en la impotencia ante la falta de criterios unificados en los centros y en las  administraciones. En el final de la cadena estaba el médico, que tenía que tomar decisiones vitales como la asignación de respiradores o la prioridad de ingresos. Cuestiones, entre otras, que deberían venir marcadas por protocolos bioéticos. Asimismo, se tuvo que diagnosticar a personas mayores en residencias, sin historial médico y sin conocer al paciente. De esta manera,  y unidas a la alta presión hospitalaria y el estrés que generaba y genera, las necesidades básicas de los profesionales, ¿qué pasa con los descansos, los relevos, el intercambio de funciones e incluso de destinos profesionales en esta lucha contra la Covid-19?

El temor al contagio impulsó numerosas consultas sobre cuál era la mejor manera de protegerse física y legalmente ante la Covid-19.

Y, finalmente, médicos, enfermeros y auxiliares, vivieron y viven el miedo de poder contagiar a sus familias y seres queridos. Todo se resume en salvar vidas y vivir bajo riesgo durante un tiempo prolongado, una situación que puede producir estrés postraumático, ansiedad, y otros problemas de salud mental.

 Entonces, en aquellos primeros meses llamados “de duro confinamiento”, la saturación en las unidades de cuidados intensivos era de un 80%.  Hoy, cuando ya nadie aplaude y un nuevo confinamiento no suscita el acuerdo social unánime, dicha saturación se acerca peligrosamente al 60% en algunos hospitales. Muchos sanitarios siguen padeciendo algunos de los anteriores problemas, a los que suman algunos nuevos.

 Por otro lado, y, muy importante, quiere destacar Urioste, comienzan a recibirse las primeras reclamaciones por las decisiones tomadas durante los momentos más agudos de la crisis. Ese médico que ha tenido que tomar la decisión de actuar de una u otra manera ante un riesgo inminente, recibe ahora denuncias de familiares de víctimas.

Comienzan a recibirse las primeras reclamaciones por las decisiones tomadas durante los momentos más agudos de la crisis

 Los casos más habituales proceden de residencias.  Para David del Portillo, Director de Expansión de Uniteco Profesional, el problema estriba en la ley 40/2015 englobada en el Régimen Jurídico del Sector Público, y que, en su artículo 36, regula la obligación de la Administración de repetir contra el personal a su servicio los daños que hubiera tenido que pagar a un tercero por culpa grave o negligencia de su personal.

Este marco, consideran desde Uniteco, es muy lesivo para los médicos en el actual estado de la pandemia, puesto que les deja en una situación de desamparo ante el aumento de las cantidades económicas de las reclamaciones. Y, lo que es fundamental: la protección del seguro público de salud no contempla situaciones extraordinarias como la pandemia actual. Este supuesto sí se encuentra recogido ya en algunos seguros privados.

 La vacuna es el último caballo que ha llegado a esta batalla y suscita también muchos interrogantes entre el colectivo médico. De un lado, reconoce Ramiro Urioste, existen médicos (una ínfima minoría) que ni se quieren vacunar, ni quieren vacunar, porque consideran que puede ser malo para los pacientes.

 La vacuna es el último caballo que ha llegado a esta batalla y suscita también muchos interrogantes entre el colectivo médico

 Estos negacionistas pueden acogerse a la libertad de objeción de conciencia, basándose en el principio ético que rige la actividad, “no hacer daño”. No obstante, advierten desde DS Legal, ya hay hospitales y centros que están tomando medidas al respecto y las multas a sanitarios por no vacunarse pueden ir desde los 300 hasta los 3000 euros o, incluso, hasta la suspensión de la actividad.

En cuanto a los pacientes que no quieran vacunarse, es cierto que en principio la vacuna es voluntaria, pero el marco legal en España permite imponer la obligatoriedad de esta si no se llegasen a alcanzar los niveles de inmunidad necesarios. Es decir, si estuviese en riesgo la salud pública.

Artículos complementarios:

El 45% de los sanitarios españoles está en riesgo de sufrir trastornos mentales por la pandemia

La pandemia ha causado estragos en la sociedad, sobre todo en el personal sanitario, que se vieron desbordados por la dureza de la primera ola. El sistema sanitario se vio al borde del colapso, pero, gracias a la encomiable labor de los sanitarios, que se vieron obligados a realizar interminables jornadas para poder atender a la gran cantidad de gente que abarrotaba los hospitales, el sistema sanitario se mantuvo en pie y pudo dar respuesta a la gran demanda a la que se vio sometido. 

La pandemia ha afectado notablemente la salud mental de los profesionales sanitarios 

Este trabajo desmedido ha afectado notablemente a los profesionales, de hecho, el 45% de los sanitarios españoles, está en alto riesgo de sufrir un trastorno mental por el trabajo desempañado durante la primera ola del coronavirus, según dos estudios liderados por investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas y médicos del Hospital del Mar y del CIBER. Es más, señalan que, un 3,5% de los sanitarios, ha pensado en el suicidio, más del triple de la media del resto de la población. 

Por otro lado, el estudio señaló que, un 14,5% sufre un trastorno mental discapacitante, es decir, con repercusiones negativas claras en su vida profesional y social. Los principales síntomas que padecían los profesionales son depresión, ansiedad, ataques de pánico, estrés postraumático y abuso de sustancias. 

Las conclusiones de estos informes se han basado en encuestas anónimas realizadas a más de 9.000 profesionales sanitarios. El 80% de los encuestados estuvieron involucrados directamente en el cuidado de pacientes con coronavirus y, además, el 17,4% contrajo la enfermedad. 

El 3,5% de los sanitarios ha pensado en el suicidio 

A causa de la dureza de la pandemia,el 28,1% presentan depresión, el 22,5% ansiedad y casi 1 de cada 4 tienen ataques de pánico. Asimismo, el 22,2% de los sanitarios padece estrés postraumático y, poco más del 6%, abuso de sustancias. 

Esta situación, tan dura y cruel, se puede agravar debido a los aumentos de contagios que se han ido produciendo y, en especial, la situación que estamos viviendo con el aumento de contagios constantes tras las Navidades. Actualmente, el 26% de las camas UCI de todo el país están ocupadas. Las comunidades de La Rioja (41%), Comunidad Valenciana (40%), Baleares y Cataluña (39%) son las regiones españolas con más enfermos de Covid-19 en sus plantas. Además, el temporal Filomena ha acrecentado aún más esta ocupación, debido a las lesiones y accidentes provocados por la gran nevada, lo que ha derivado en una ocupación casi total de las Unidades de Cuidados Intensivos en algunos lugares. Por ejemplo, la mitad de los pacientes ingresados en Cataluña son pacientes Covid, y en Madrid, las UCIs están al 74% de su ocupación y preocupan las reservas de sangre, que están al mínimo. En cambio, la situación en Baleares es incluso peor. Hay pacientes que están a la espera de subir a la UCI porque en algunos centros han superado el límite de su capacidad 

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